La Guardia Civil advierte de que este comportamiento en carretera puede conllevar penas de cárcel y no solo multas
El exceso de velocidad sigue siendo una de las infracciones más habituales en las carreteras, pero también una de las más peligrosas y que más preocupa a las autoridades de tráfico. Aunque muchos conductores asumen que pisar el acelerador más de la cuenta se salda habitualmente con una sanción económica y la pérdida de algunos puntos, la realidad es que sobrepasar los límites de forma excesiva deja de ser una simple falta administrativa para convertirse en un delito grave. saltysenoritaaz.org
François D'Haene bate el récord del GR20 y baja de las 30 horas por primera vez en la historia
François D'Haene ha vuelto a escribir su nombre en la historia del GR20. Diez años después de establecer por primera vez el mejor tiempo conocido en el legendario sendero corso, el atleta de Salomon ha recuperado el récord al completar la travesía en 29 horas y 46 minutos.
Con esta marca, el cuatro veces campeón del UTMB se convierte en el primer atleta de la historia en recorrer los aproximadamente 180 kilómetros del trazado, con cerca de 13.000 metros de desnivel positivo, en menos de 30 horas.
El intento estaba previsto para principios de semana, pero tuvo que aplazarse en dos ocasiones por las malas condiciones meteorológicas. D'Haene finalmente tomó la salida desde Calenzana a las 4:30 de la madrugada del miércoles 9 de julio, buscando aprovechar las temperaturas más frescas antes de que un nuevo episodio de calor extremo llegara a la isla.
Desde los primeros kilómetros impuso un ritmo sólido sobre uno de los senderos de larga distancia más exigentes de Europa. Al alcanzar el punto intermedio en Vizzavona ya acumulaba una ventaja superior a los 50 minutos respecto al anterior mejor registro.
Recorrió prácticamente toda la sección sur del GR20 durante la noche, atravesando un terreno extremadamente técnico, y mantuvo el ritmo hasta cruzar la meta en Conca, donde selló su nuevo mejor tiempo conocido.
El logro llega tras meses de preparación meticulosa. Durante la primavera, D'Haene regresó varias veces a Córcega para reconocer los tramos clave del recorrido, evaluar el estado de los senderos tras un invierno especialmente nevado y afinar cada detalle de su estrategia.
"Volver al GR20 diez años después de mi primer récord tenía un significado muy especial. Quería comprobar hasta dónde podían llevarme la experiencia, la paciencia y una preparación más metódica en un proyecto tan exigente. Romper la barrera de las 30 horas en un recorrido como este es una satisfacción enorme. Es una aventura que exige compromiso de principio a fin y estoy muy agradecido a todas las personas que me han apoyado durante el camino", ha asegurado D'Haene.
Considerado uno de los mejores ultrafondistas de montaña de su generación, el francés suma así un nuevo hito a una trayectoria extraordinaria.
Diez años después de redefinir por primera vez los límites de lo posible en el GR20, vuelve a demostrar su capacidad para combinar resistencia, dominio del terreno de montaña, inteligencia estratégica y resiliencia en uno de los recorridos más exigentes del mundo.
Semifinales soñadas
Demasiada selección, mucho partido y, al final, el cuadro nos ha llevado a las semifinales que la memoria del fútbol nos podía dictar: Francia, España, Argentina e Inglaterra no son solo las cuatro supervivientes, hoy son cuatro maneras de entender el juego y cuatro estrellas que las explican: Mbappé, Lamine, Messi y Kane.
Francia merece estar porque ha convertido la abundancia en método. Tiene tantos futbolistas que podría presentar dos selecciones, pero su secreto consiste en no confundirse. No necesita dominar cada minuto: le basta con dominar el decisivo. Es potencia, oficio y frialdad imperial. Sabe que Mbappé encontrará una autopista donde los demás solo ven tráfico, se ha sacado de la chistera al jugador más en forma del año futbolístico que acaba, Olise, y tiene al último balón de oro, Dembélé.
España está porque ha vuelto a hacer del balón una idea y no un oficio. Ya no toca para conservar una herencia, sino para someter al rival vocacionalmente. Tiene centrocampistas que piensan y centrales que mandan. Y tiene a Lamine, que juega con la insolencia de quien todavía no ha aprendido que es el miedo. A su edad, otros piden permiso; él pide la pelota.
Argentina merece estar porque los campeones también tienen derecho a resistirse. Compite como si cada partido fuera una deuda histórica, porque de historia y deuda el país sabe suficiente. Alrededor de Messi ha construido una hermandad. Leo ya no corre para llegar a todos los lugares: espera donde acabará llegando el partido. Su fútbol se ha vuelto más lento y, por eso, más sabio. Argentina juega por él, para él, pero también como él: interpreta y golpea. Ha dejado atrás la duda de Qatar.
Inglaterra está porque nunca tuvo tantos argumentos y tan pocas excusas. Su ostentosa Premier parecía una renuncia a la selección. Durante décadas inventó el fútbol para que otros lo explicaran mejor. Ahora posee talento, físico y un delantero exiliado como Kane, que no solo remata: ordena, baja, se asocia y, siempre, aparece. Es un nueve con alma de mediocampista. Inglaterra aún lucha contra su ansiedad y su afición, pero en este mundial la historia aún no le ha aplastado.
Brasil y Alemania también podrían haber ocupado este momento, por legado y materia prima, pero ya no basta con la camiseta. Brasil puede tener al seleccionador más caro y parecer cada vez más pobre. Tiene jugadores extraordinarios, pero le falta aquello que no cotiza: una idea reconocible de lo que siempre fue. El país del fútbol se ha llenado de nombres globales y ha ido perdiendo el "jogo bonito". Cuando una selección deja de parecerse a su país, el escudo pesa más que el juego. Alemania ha dejado de ser aquella certeza que inspiró a Lineker: jugaban once contra once y, al final, ellos ganaban. Hoy ha perdido el temor que provocaba su presencia. Antes llegaba para discutir el título; ahora, en el diván, se discute a sí misma.
Por todo eso son unas semifinales soñadas. Francia es poder. España, credibilidad. Argentina, fe. Inglaterra, redención. Quedan dos partidos, cualquier vencedor es posible.
El verdadero examen es para Francia
Tras la victoria de España sobre Bélgica y su clasificación para las semifinales, el diario francés L’Équipe sorprendía con una portada tan llamativa como reveladora: “Alerte Roja”, junto a una fotografía de Mikel Merino celebrando el gol de la victoria. Un titular que demuestra que el respeto viaja en ambas direcciones.
Durante todo el Mundial se ha instalado la idea de que Francia es ese rival al que todos temen. Sin embargo, basta cruzar los Pirineos para comprobar que ellos tampoco tienen tan claro que vayan a superar al equipo de Luis de la Fuente.
Nadie discute el talento individual de los franceses. Mbappé, Dembélé u Olise son futbolistas capaces de decidir una semifinal con una sola acción. Pero el fútbol sigue siendo un deporte colectivo y, en ese apartado, España ofrece más garantías. Tiene una identidad reconocible, juega como un bloque y transmiten confianza. Además, cuenta con futbolistas diferenciales como Lamine Yamal, capaz de inventarse una jugada imposible; con un Rodri que ejerce de brújula y líder; y con una defensa sólida en la que Cubarsí juega con una madurez impropia de su edad.
Si se comparan los dos posibles onces, la igualdad es máxima. Francia puede presumir de más estrellas, pero España tiene más equipo. Y eso, en partidos de este nivel, suele marcar la diferencia.
Por eso, esta noche puede pasar cualquier cosa. Ganar supondría un éxito extraordinario para una selección con varios futbolistas jovenes y con un futuro ilusionante. Pero perder tampoco debería interpretarse como un fracaso. Estar entre las cuatro mejores selecciones del mundo ya es un logro que merece ser reconocido.
España haría bien en dejar el cartel de favorita a Francia. Que toda la presión recaiga sobre Mbappé y compañía. Que sean ellos quienes tengan que demostrar que están a la altura de las expectativas. La Roja solo tiene que hacer lo que mejor sabe: competir, jugar al fútbol y creer en sí misma.
Porque, cuando un equipo juega sin complejos, los favoritos suelen ser los que más tienen que perder.
