La trituradora de LaLiga Hypermotion se cobra a su segundo entrenador en menos de un mes
Menos de un mes de competición, pero la trituradora de entrenadores de LaLiga Hypermotion ya se ha cobrado a su segundo director de orquesta. Y es que si apenas unas fechas antes del arranque de Liga fue Imanol Idiakez el que perdió su sitio al frente del Cádiz, ahora, con tan solo cuatro jornadas a la espalda, ha sido el turno de Claudio Barragán, que finaliza su etapa a los mandos del recién ascendido Eldense, donde suman tan solo dos puntos de los 12 posibles en lo que va de campeonato.
La destitución, sin embargo, queda encuadrada en un también complejo inicio de calendario para el cuadro del Nuevo Pepico Amat, que en su vuelta al fútbol profesional ha arrancado con una secuencia de duelos de altura. Comenzó goleado en Almería (3-0), empató con el Cádiz (2-2), cayó en Butarque ante el Leganés (1-0) y, justo este fin de semana, había logrado un empate de valor en casa de un claro candidato al ascenso como el Mallorca (0-0), donde el exblanquiverde Álex Sala mandó un lanzamiento de penalti a la madera para evitar que los azulgrana se marcharan sin premio de Son Moix.
«Claudio Barragán no continuará como entrenador del Eldense. Gracias, Claudio, por tu trabajo, compromiso y por formar parte del histórico ascenso a Segunda División. ¡Te deseamos lo mejor en tu futuro!», reza el comunicado oficial emitido por la entidad, en el que también se anuncia la promoción, de forma interina, del hasta ahora entrenador de su filial, Josep Farrando. newsbetting.bond
El encaje de Ramón Vila y Mariano
Con el cambio de fichas, los dos futbolistas del Córdoba CF que permanecen en préstamo en el Nuevo Pepico Amat tendrán ahora que también convencer a la nueva dirección. Ambos, Ramón Vila y Mariano Carmona, de hecho, han sido dos de las escasas notas positivas en el accidentado inicio liguero del Eldense. El primero suma allí su segunda campaña, tras ser capital en el ascenso de hace tan solo unos meses. El segundo, por su parte, ha dado este ejercicio el salto a la división de plata y ya sabe lo que es golear en la categoría, tras su diana anotada al propio Cádiz en la segunda cita de la agenda. Ambos, por el momento, partían como fijos en los planes de Barragán.
El Barça manda también en el pichichi
El FC Barcelona no solo está convirtiendo el gol en una de sus grandes armas en este inicio de temporada. Los azulgranas también empiezan a ocupar posiciones de privilegio en la lucha por el Pichichi de LaLiga 2026/27. El 0-5 ante el Valencia en Mestalla ha reforzado todavía más la presencia del equipo de Hansi Flick en la zona alta de la clasificación de goleadores.
Raphinha continúa al frente con seis goles después de volver a marcar ante el conjunto valencianista. El brasileño, que ya había anotado cinco tantos en las tres primeras jornadas, mantiene así un espectacular promedio y conserva el liderato en solitario. Por detrás aparece la gran sorpresa de este comienzo de campeonato, Sergio Camello, que suma cinco después de marcar cuatro tantos en sus dos últimas apariciones con el Rayo Vallecano.
Pero el dominio azulgrana no termina en Raphinha. Fermín López alcanza los cuatro goles después de marcar nuevamente en Mestalla y se instala también entre los máximos realizadores. El centrocampista confirma así su excelente comienzo de curso y ya está a solo dos tantos de su compañero.
También aparece con cuatro Lamine Yamal, que sigue aumentando sus registros goleadores. El extremo ha firmado un doblete ante el Valencia y alcanza los cuatro tantos en LaLiga, igualando a Fermín, Pierre-Emerick Aubameyang y Kylian Mbappé.
La fotografía resulta especialmente llamativa para el Barça: tres de los seis primeros nombres de la clasificación de goleadores son azulgranas. Raphinha, Fermín y Lamine están convirtiendo el enorme potencial ofensivo del equipo de Flick en cifras.
Clasificación provisional del Pichichi
- Raphinha (Barcelona) — 6 goles
- Sergio Camello (Rayo Vallecano) — 5
- Pierre-Emerick Aubameyang (Deportivo) — 4
- Fermín López (Barcelona) — 4
- Lamine Yamal (Barcelona) — 4
- Kylian Mbappé (Real Madrid) — 4
- Álex Baena (Atlético de Madrid) — 3
- Roberto Fernández (Espanyol) — 3
- Yassir Zabiri (Racing Santander) — 3
- Jude Bellingham (Real Madrid) — 2
Lamine enciende la mascletà del Barça en Mestalla
El día después de perderse el entrenamiento por una contusión, Lamine lideró el primer golpe en LaLiga. Su ausencia 24 horas antes animó la tertulia porque hace tiempo que se practica el sobreanálisis. De Lamine se estudian sus caras y sus gestos como si fuera un misterio.
Hace unas semanas se instaló una pregunta recurrente: ¿qué le pasa a Lamine? Y en Mestalla demostró que, si había algún escéptico, su mejor versión está de vuelta. En medio de un ambiente enrarecido, entre peticiones de dimisión a Peter Lim y pañolada, el Barça irrumpió en Mestalla con una superioridad asombrosa. El equipo ha interiorizado tanto el librillo de Flick que juega de memoria y se despidió por última vez del viejo Mestalla en LaLiga con una manita.
Hasta una pieza de la magnitud de Rodri empieza a familiarizarse con lo que ha sido el Barça de Pedri. El centrocampista es un contrapunto necesario a la divertidísima imprudencia de un equipo que nació del riesgo y que sigue entregado a atacar sin cálculo.
Nadie echa de menos a un delantero centro clásico en el Barça 3.0. El de Raphinha como falso nueve y una pareja eléctrica: la que forman Lamine y Fermín, que juegan con la portería en la cabeza. El primero encuentra soluciones con la creatividad de los genios; el segundo, con la determinación de los que juegan con pasión y el cuchillo entre los dientes.
Una genialidad de Lamine
La primera genialidad de la mejor sociedad en Mestalla llegó en los primeros minutos. Fermín intercambió la posición con Lamine, que apareció por dentro, controló el balón y superó a Dimitrievski con una vaselina sutil. Un golazo que hizo enmudecer Mestalla, con Lamine celebrándolo con la mano en la oreja.
Después del gol, Lamine cogió la varita y se hizo con el partido. Un baile en el que el Valencia perseguía sombras, y en las gradas, la afición parecía disociada: los ojos en el césped, pero la cabeza en el palco porque están hartos de estos dirigentes.
Un divorcio que solo podía favorecer a un Barça que no tardó en marcar el segundo, otra vez un toma y daca entre Fermín y Lamine que acabó con el balón en un ángulo imposible. La intervención del VAR, que consideró que Lamine estaba en fuera de juego, impidió que el gol subiera al marcador.
La decisión no cambió el ánimo de un Barça enchufado que volvió a encontrar a Fermín, que esta vez no desaprovechó una gran asistencia de Gordon.
El Valencia se desmoronaba y solo conseguía pellizcar al Barça con alguna jugada al contragolpe: la más peligrosa, de Danjuma después de un error de Koundé. El francés entró por un Eric que tuvo que abandonar el campo después de recibir un golpe involuntario en la nariz con Rodri.
El Barça arrolla al Valencia
Incapaz de rebelarse ante la banda sonora ambiental y el juego del Barça, el Valencia cayó en picado en la segunda mitad. Incluso con el resultado a favor, el conjunto de Flick siguió mordiendo por dentro, con Fermín siendo un puñal, y por fuera, con un incansable Gordon y un Lamine con ganas de más.
De los pies de Lamine nació el tercero. Una gran jugada del extremo acabó con el balón en Fermín, que cedió el gol a Raphinha, que sigue con números de Pichichi.
Lo que siguió al tercer gol dejó algunas escenas de la brecha que todavía existe entre la tendencia natural de este Barça, que cuando se divierte es incapaz de pensar en las consecuencias, y Rodri, que pedía frenar un poco, como si fuera el hermano mayor de un equipo lleno de niños.
Se impuso la ambición desmedida de la juventud y llegaron dos goles más en la recta final. El primero de Pedri aprovechando una gran asistencia de Olmo y el último, el quinto y definitivo, de Lamine en posición dudosa con un regalo de Dani. Flick aprovechó para hacer debutar a Gabriel Jesus, que rozó el gol con un disparo demasiado cruzado.
El Barça no desaprovechó la primera oportunidad de abrir brecha con el Madrid y ponerse tres puntos por delante. La víctima fue un Valencia desencajado que asistió en directo a una mascletà del Barça en el viejo Mestalla.
Un punto para el mejor Oviedo: empate con uno menos ante el Burgos (0-0)
La ovación final del siempre exigente Tartiere resumió bien el sentir de un 0-0 que, en otras circunstancias, habría dejado el estómago a medio llenar. Esta vez, en cambio, nadie se fue con hambre. Primero, porque jugar más de 65 minutos con uno menos resume la dificultad de la misión de puntuar. Pero, sobre todo, porque el Oviedo hizo un partidazo. Fue mejor que el Burgos, buscó más el triunfo y, pese a jugar en inferioridad durante más de una hora, acabó dejando la sensación de haber ganado algo más que un punto. El esfuerzo fue de los que pesan en las piernas y alimentan el orgullo. Por eso el empate sabe casi a victoria. Aunque en la tabla el saldo siga saliendo a deber.
Se vio un buen Oviedo, la versión enérgica de primeras, arrinconando al Burgos. Presionando alto, recuperando fácil y llegando a la zona de tres cuartos. Sin esa chispa que se le demanda en los metros finales, pero sumando centros y varios córners.
Se vio especialmente activa a la línea de medias puntas. Jacobo empezó pidiéndolas todas, Villahermosa flotaba y se asociaba y Sáenz abandonaba la derecha para aparecer por dentro, e incluso en el flanco contrario. El Burgos se defendía con el freno de mano puesto. El Oviedo era mejor.
La lista de ocasiones no fue numerosa pero dos cabezazos de Calvo y un centro peligroso de Villahermosa sirvieron para meter el miedo en el cuerpo a los visitantes y para contentar a un Tartiere expectante con los suyos. Pero el partido se sacudió por una acción aislada a los 23 minutos.
Aldasoro llegó algo tarde a una presión, estiró la pierna y tocó al rival a la altura del gemelo. Roja sin discusión en la era VAR, esa que congela la imagen para calibrar la gravedad de las acciones. Sánchez Villalobos saldó el gesto con amarilla pero fue llamado al orden y se fue hacia la pantalla. Ahí rectificó para enseñarle la roja a un Aldasoro que, dicho sea de paso, no tenía ninguna necesidad de ir tan al límite en una jugada tan alejada de la zona de peligro.
La roja vía VAR cambió algo en el partido. No se vio a otro Burgos, todavía reservón. Tampoco es que acobardara al Oviedo, que replegó cuando tocaba pero intentó llegar con el balón. Al que condicionó sobremanera fue al colegiado, un Sánchez Villalobos que ya entró en el choque nervioso pero que tras la rectificación de su colega se puso directamente a temblar, superado por el ambiente, consciente de que ya tenía la actuación en contra.
Fue un esperpento tras otro. Pequeños detalles que fueron minando la moral de jugadores, técnicos y del Tartiere en general. Hay una acción que resulta un buen ejemplo. Jacobo intenta un tiro lejano y sale desviado. El colegiado, en un arrebato de lo que él considerará personalidad, señala una falta previa –inexistente– en una disputa. Sin ninguna necesidad porque el Burgos ya sacaba de puerta. Clásica decisión que un colegiado con más pose y experiencia habría resuelto dejando sacar al portero.
El colegiado se llevó los focos, una escopeta de feria en cada decisión, pero el Oviedo maduro, conteniendo al Burgos. Solo tuvo una, clara, el equipo de Sergio Francisco, un taconazo de Forés ya en el área pequeña que no encontró meta. El Oviedo se había sujetado con la pelota e incluso había amagado a balón parado con otro testarazo de Calvo.
Tras la doble pitada al colegiado –salida del campo y reentrada– se reanudó el choque con un Burgos que de primeras parecía algo más decidido y ambicioso. Pero se encontró con un Oviedo que no rechazó el cara a cara.
Tuvo la suya el Oviedo. La más clara. Robo de Sáenz, carrera, pase a Isfan y cesión de este a Jacobo, ya ante Cantero. Pero el extremo la lanzó a las nubes con todo a favor. No tardó en responder el Burgos, también con otra gran acción. Centró Llabrés e impactó con el interior David González. Aarón respondió ágil. Como siempre.
Siguió el Oviedo de pie, a pesar de las condiciones. Vaya si lo hizo. Tanto que coleccionó otra acción para merecer el tanto. Esta, de la chistera de Pablo Sáenz, que recibió, encaró y sacó un latigazo de zurda que chocó contra el poste. Hubiera sido un señor gol.
Pero no desistió el Oviedo. Lo intentó con un zurdazo de Samu. Se refrescó con los cambios. Alguno con efectos inmediatos. Estanis, en su primer balón como azul, dribló a cuanto rival se le puso por delante hasta que la defensa taponó su definición.
En los últimos minutos tocó sufrir algo más. El punto era una renta interesante, visto lo visto, a pesar de que el premio mayor había estado más cerca del bando azul. Mollejo empezó a amenazar para el Burgos y Karrikaburu probó a Aarón, aunque le pegó limpio.
El resumen de lo visto se vio en el añadido. Quien esperara a un Oviedo agazapado se encontró con otra cosa. Las dos últimas acciones, a balón parado, fueron de los azules, para orgullo de un Tartiere que, sin descorchar el champán, sí se fue satisfecho con lo visto en el verde.
