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CD Castellón, un reencuentro de Álvaro Cervera con el escenario y el club de su primer éxito como entrenador

A finales de abril de 2005, Álvaro Cervera fue contratado como entrenador del Castellón. Iba a tener por delante solo cinco partidos de Liga, pero él se había propuesto que fueran nueve, los ya asegurados por el calendario más cuatro del playoff.

El equipo de Castalia estaba compitiendo en el Grupo 3 de Segunda B. Llevaba once campañas seguidas en ese nivel. En ese momento era el quinto clasificado y tenía la aspiración de participar en la promoción para subir de categoría, un premio reservado para los cuatro mejores, con un camino más corto para el campeón –el Alicante de José Bordalás ya estaba fuera del alcance– y un poco más largo, consistente en dos eliminatorias, para los demás. La directiva de la entidad albinegra, con Fernando Gómez Colomer como secretario técnico –compañero de Álvaro en el Valencia–, había decidido prescindir de Javi López para apostar por Cervera, que no se había adentrado en el circuito profesional en su nueva faceta profesional. Con 39 años –se había retirado con 33–, Álvaro aceptó un desafío que tuvo el mejor desenlace posible. Terminó saliendo como un héroe del club que tendrá como rival este sábado (17:30).

La relación de Cervera en el Castellón fue corta y exitosa. Debutó con un empate en el campo del Osasuna Promesas, siguió con un 2-0 sobre el Hércules en Castalia, pinchó luego en la visita al Benidorm y terminó la Liga regular con dos triunfos más, ante el Girona (2-1) y el Peña Sport (0-1). Ese balance le dio para cumplir la primera parte del plan: meter al Castellón en el playoff como cuarto clasificado. En semifinales tuvo como rival al desaparecido Universidad de Las Palmas –dirigido por Paco Castellano–: 0-0 en campo propio y 1-2 en Gran Canaria. El pulso definitivo fue con el Zamora. En el Ruta de la Plata vencieron los castellanos (2-1). En la vuelta fue suficiente un 1-0 por aquello de que el Castellón había anotado un tanto a domicilio.

Con el paso del tiempo, Cervera reconoce que aquel ascenso tuvo un componente alto de fortuna. "Sigo teniendo una buena relación con algunos jugadores de aquella época y cuando hablamos de ese año no tengo ningún complejo en reconocer que yo era un entrenador muy verde", recuerda en la entrevista incluida en la serie 'Centenario de una pasión'. "Había entrenado a un equipo de Tercera y con ellos me manejaba bien, pero en Castellón había profesionales, era un equipo de una capital de provincia importante... Y tuvimos suerte. En muy poco tiempo conseguimos cambiar la mentalidad de un grupo que venía de perder mucho y podía ganar. Para ello dejamos una libertad que ahora no permitiría", reconoce.

La influencia de Oltra

Aunque ahora suene raro, cuando decidió colgar las botas, cansado de las lesiones, no sintió el deseo de seguir ligado al fútbol como técnico. "No tuve esa vocación", confiesa. "No quería acercarme al fútbol para nada, porque lo había pasado mal y le echaba la culpa de todo, cuando era al revés: el fútbol me lo había dado todo. Pero pensaba que me había quitado tiempo para otras cosas", cuenta refiriéndose a los problemas físicos que fueron apagando su carrera. "Llegué a aburrirme del dolor y del fútbol, y de los sinsabores que tiene esta profesión en las épocas malas, porque en las buenas se acerca todo el mundo, pero en las malas se alejan", continúa trasladándose a un momento de su vida que acabó dando un giro inesperado. En gran medida, por su amistad con José Luis Oltra. "Yo vivía en Valencia porque allí conocí a mi mujer, y lo típico, un compañero, José Luis Oltra, había cogido un equipo para empezar a entrenar y a veces iba con ellos para matar el gusanillo. Y luego, en los días de partido me preguntaba alguna cosilla, pero yo no tenía ningún cargo. Entonces, el Castellón fichó a José Luis y el equipo que tenía, el Catarroja, se quedó sin entrenador. El presidente me preguntó por qué no lo cogía yo, y ahí fue cuando pensé que era algo que no estaba mal: iba cada día, estaba con gente joven...", resume.

El Catarroja, punto de partida

Así, sin planearlo, se estrenó como técnico del Catarroja. Desde entonces no ha parado. Pasó por la cantera del Villarreal y en la recta final de la temporada 04/05 recibió una oportunidad que lanzó su carrera. En apenas dos meses triunfó en el Castellón, club en el que pensó que iba a continuar. Pero no fue así. La sociedad cambió de propietario y los nuevos dueños dejaron fuera del proyecto al entrenador que había logrado el ascenso. «Ahora no me pasaría», sostiene Álvaro. "Pensé que subiendo me iba a quedar, pero fue algo que no pusimos en el contrato, y como llegó otro dueño con otro entrenador, me quedé en la calle. Lo que había hecho no había tenido trascendencia. Me quedé sorprendido, pero aprendí", afirma.

Desde el 26 de junio de 2005, día en el que festejó el ascenso del Castellón, no ha vuelto a sentarse en un banquillo del estadio Castalia, ni en el local y ni en el visitante. Los giros del fútbol esquivaron esa coincidencia –sí lo tuvo como rival siendo anfitrión en enero de 2025 con el Tenerife–. Hasta ahora. El sábado regresará al estadio en el que logró su primer éxito como técnico.

Fuente original: www.sport.es →